Tres minutos de ducha en Venezuela,
ni uno más ni uno menos,
los litros de petróleo son ajenos
y vendimos las joyas de la abuela;
con jabón de canela,
entrepiernas, ombligo, muslos, senos,
que me sigan los buenos,
o se bañen con vino de mistela.
La pulcritud es cosa de segundos,
veloces, rotundos,
verticales de piel y a cuerpo entero;
peripecias del baño cotidiano,
con un pan de jabón en una mano
y en la otra, puntual, el minutero.
jueves 29 de octubre de 2009
jueves 15 de octubre de 2009
Alea jacta est
Maradona de Dios, vergüenza ajena,
y el circo de payasos que lo aclama,
el esférico rueda por la grama
y el fútbol se declara en cuarentena;
pestífera y obscena
la palabra de sobras se derrama,
la lengua es una dama
que en voces de improperio se envenena.
La pelota, sabemos, no se mancha,
y fuera de la cancha
un oprobio de fango predomina;
mañana es 2010, no falta nada,
“la suerte ya está echada”
¡Ay Argentina!
y el circo de payasos que lo aclama,
el esférico rueda por la grama
y el fútbol se declara en cuarentena;
pestífera y obscena
la palabra de sobras se derrama,
la lengua es una dama
que en voces de improperio se envenena.
La pelota, sabemos, no se mancha,
y fuera de la cancha
un oprobio de fango predomina;
mañana es 2010, no falta nada,
“la suerte ya está echada”
¡Ay Argentina!
Estos colmos
Los Nóbel de la paz están baratos,
un dólar con setenta la docena,
sabemos que el que ordena
reparte los cubiertos y los platos;
en Suecia se respetan los contratos,
por más que despotrique la verbena,
¡Jesús! ¡Enhorabuena!
qué saben de Estocolmo los niñatos.
En esto de premiar, suecos y suecas
conocen como giran ciertas ruecas
y a cuánto se cotiza cada cama;
la trama del poder es un secreto
que excede el espesor de este soneto;
¡Qué marche un traje nuevo para Obama!
un dólar con setenta la docena,
sabemos que el que ordena
reparte los cubiertos y los platos;
en Suecia se respetan los contratos,
por más que despotrique la verbena,
¡Jesús! ¡Enhorabuena!
qué saben de Estocolmo los niñatos.
En esto de premiar, suecos y suecas
conocen como giran ciertas ruecas
y a cuánto se cotiza cada cama;
la trama del poder es un secreto
que excede el espesor de este soneto;
¡Qué marche un traje nuevo para Obama!
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